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YOGA SÓLO HAY UNO

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POR MARIÉN ESTRADA

La práctica del Yoga se basa en la idea de una conciencia absoluta que subyace en el Universo entero. En ese sentido, el Ser, que es la esencia de uno mismo, sólo puede conocerse a través de la Unión con lo Absoluto; ese es el objetivo último del Yoga.

 

Kundalini, Hatha, Bikram, Ashtanga, Anusara, Jivamukti, Iyengar, Flow, Shadow, Dharma, Naam, Vinyasa, Power, Acroyoga… Todos son estilos y modalidades que integran la amplia oferta actual de Yoga, pero la verdad es que Yoga, en esencia, sólo hay uno…

La palabra sánscrita Yoga significa literalmente Unión: Unión entre cuerpo y mente, entre la naturaleza humana y la divina y sus orígenes se remontan para algunos 6,000 años AC. en el valle del Indo y Saraswati, aunque hay indicios de prácticas yóguicas en prácticamente todas las culturas antiguas del mundo, incluyendo la Maya y Tolteca.

Lo cierto es que fue en la India donde este conocimiento se sistematizó, primero en los Vedas, --la colección de textos sagrados que integran el acervo cultural y espiritual de la India-- en el año 1500 AC. Se considera que las técnicas de esta ciencia fueron “reveladas” a los grandes sabios (Maharishis) de una antigüedad pre-humana durante estados profundos de meditación.

Cronológicamente, los Upanishads son los siguientes textos clásicos sobre yoga que se conocen. Los Upanishads, que forman la última parte de los Veda representan el pilar de las enseñanzas yóguicas y de la filosofía conocida como vedanta. Esta filosofía se basa en la idea de una realidad o conciencia absoluta (Brahman), que subyace en el Universo entero. En este sentido, el mensaje principal de los Upanishads es que el Ser, la esencia de uno mismo, sólo puede conocerse a través de la Unión (yoga) con lo Absoluto. Una unión que no puede darse fuera de uno mismo, sino en el interior más profundo del ser individual.

Posteriormente, aparecen otros textos importantes en los que se desarrollan otros aspectos del yoga. Concretamente, del siglo VI a. C., datan dos poemas épicos: El Ramayana de Valmiki, y el Mahabarata de Vyasa. Este último contiene el Bhagavad Ghita, una de las escrituras yóguicas más conocidas. En el Bhagavad Ghita, el Yo Soy (Brahman), en su encarnación como Krishna, muestra al guerrero Arjuna el camino del yoga y le muestra cómo alcanzar la liberación a través del cumplimiento de los deberes de la vida.

Más tarde, en el siglo III a. C., aparecieron los Yoga-Sutras de Patanjali, que ordenan y sistematizan la práctica del Raja Yoga (yoga mental), y otros textos que recogen el Hatha Yoga (yoga físico) con el Hatha Yoga Pradipika. Este último, es el que describe con más detalle las diversas asanas y los ejercicios respiratorios (pranayama) que constituyen la base de la práctica moderna del yoga.

El Raja Yoga, --uno de los cuatro caminos del Yoga clásico-- conocido también como Dhyana Yoga, Ashtanga Yoga o Yoga óctuple, comprende ocho pasos que son: Yama (códigos morales), Niyama (autodisciplina), Asanas (posturas de meditación), Pranayamas (técnicas de control del prana o respiraciones dirigidas), Prathyahara (interiorización o retiro de la mente y demás sentidos de las percepciones sensoriales), Dharana (concentración en Paramatma), Dhyana (meditación o concentración prolongada en Paramatma) y Samadhi (estado de conciencia superior o completa absorción en el plano de la Verdad Absoluta). Y sin el cumplimiento, o al menos la aspiración, de los 8 pasos no hay Yoga. Lo cierto es que la popularización del Yoga en Occidente se ha centrado en el fortalecimiento del cuerpo físico, es decir en la práctica de asanas o posturas, olvidándose de los otros siete pasos.

(Publicado en el diario La Afición)

 

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